viernes, marzo 12, 2010

Aroma

Andrea no bajaba la mirada. Sus ojos ya no seguían las palabras que decíamos Jesi y yo. La conversación previa había pasado a segundo plano, ahora el cerebro luchaba por la coherencia de lo que habíamos estado discutiendo y por lo que comenzaba a intensificarse a nuestro alrededor, mientras yo sólo me limitaba a ver más allá de lo que mi posición física me permitía observar, y con un tic nervioso tomada de lo que quedaba de mi bebida.

En una tarde de viernes en un remoto café de la ciudad, el panorama suave y tranquilo, se transformó en meseros corriendo de un lado a otro con una agonía y desesperación my visible en su rostro. Iban y venían, mientras nosotras captábamos algunas palabras de las indicaciones que daban por teléfono “sí, está inconsciente, está dentro del baño de caballeros, por favor vengan pronto” Tras esto bastaron pocos minutos para que las ambulancias, patrullas y bomberos también se sumaban a la escena.

Por una extraña razón me sentí en un set de filmación esperando que el director dijera “corte, queda” pero no, nadie daba instrucciones, y por ende la curiosidad no solo de nosotras sino de los demás comensales crecía con rapidez. Si me hubieses inclinado unos cuantos grados hacia al frente, hubieses podido haber tenido una mejor vista de la acción, pero mi mala relación con la sangre y mis nulas ganas de verla al rojo vivo me mantuvieron con una mirada fija sobre la pared, y de vez en cuanto frente al rostro absorto que tenia Andrea, quien tenía la mejor vista y podía narrar lo que sucedía, pero nos limitamos a pedirle mayores detalles.

Llegamos a un punto en el que era imposible seguir una conversación que no fuese paralela con lo que estaba sucediendo. Yo me di por vencida y jugando con los hielos que quedaban de lo que fue mi té helado, veía el reflejo en la pared de las sirenas, y entonces en ese momento me puse a recordar algo de lo que habíamos hablado con anterioridad.

Varios minutos antes de que una persona es estuviese jugándose la vida a menos de 5 metros de distancia nuestra, comentábamos sobre la verdadera razón de hacer ciertas cosas. Cuando te atiborras de actividades que por una razón que no tiene un sentido tan profundo para la vida. Por lo cual nos preguntábamos sobre cuál es realmente el propósito que tenemos en lo que hacemos. Yo no pude dar una respuesta concreta, pero supe en ese momento que los paramédicos, en ese mismo instante podían darse una respuesta, ya que tenían en mente el mantener con vida al individuo a pocos metros de nosotras. Por su parte, quedaba en duda si el propósito de este fuese el mismo. Lo que puede parecer lógico depende del punto de vista y situación con lo que se vea.

Por último, ya sin nada con que jugar, pues mis hielos se había derretido por completo, nos percatamos que después de varios ruidos y movimientos bruscos, los paramédicos pudieron acomodar al joven en la camilla. Y fue en eses instante donde los oídos tomaron una fuerza biónica para tratar de escuchar el veredicto final, pero yo toda atolondraba entre mis pensamientos y la cantidad de voces que percibía al mismo momento, sólo pude observar y confirmar con las demás que el oficial mostraba una cara de desacuerdo mientras cargaba la evidencia en su mano; una jeringa.

jueves, enero 07, 2010

Aeropuerto

Y ahí estaba de nuevo. El aeropuerto se veía vestido de luces de diferentes colores que resaltaban con esa fría partícula llamada nieve. Las fiestas habían pasado y sólo quedaban los estragos de lo que fue el fin de año y Navidad. Había muchos autos en el estacionamiento, en la calle y hasta en lugares prohibidos. Cerca de la entrada la gente iba y venía. Muchos cruzaban con gran prisa la ancha calle, como si el destino del que provenía les hubiera hecho olvidar lo que es estar una temperatura bajo cero, y claro, al salir de de la cálida terminal pusieran a prueba la habilidad de correr sobre la nieve. La blanca y fría nieve.

Tuvimos mucha suerte al encontrar un lugar cerca de la entrada a la terminal número 3. En esta ocasión nuestra visita se debía a la llegada de Alex. Nuestro amigo había ido a tomar unas vacaciones al Caribe mexicano, y como todo tiene un principio y fin, este era el día de su retorno.
Dentro de mí había una envidia de la buena, y no por el clima cálido en el que él despidió el 2009, sino por la cantidad de comida, real comida mexicana que tuvo oportunidad de disfrutar, mientras yo sólo me imaginaba las tortillas recién hechas con un bagel en la boca.

Después de unos minutos de estar dentro del auto, decidí salir y buscar un baño público (cabe destacar que el frío obliga al cuerpo a circular de forma más continua todos los líquidos que ingresan a él). Caminé una larga línea en la cual, mientras yo buscaba el símbolo mundial de los sanitarios veía a mi alrededor a personas buscando ávidamente otras señales como la terminal de llegada, inmigración o taxis. El pasillo era largo y parecía interminable. Poco a poco mi mente comenzó a olvidar el principal propósito con el que caminaba, ya que mi mente se comenzó a centrar en la memoria al ir sacando poco a poco recuerdos relacionados con los aeropuertos.
De un momento a otro las mil y unas lenguas que escuchaba mientras marchaba se hacía menos perceptibles al escuchar más a mi interior, hasta que abrí completamente la caja de Pandora con sus anécdotas

Los aeropuertos son un punto interesante para mí. He llorado, reído, jugado, desesperado y un sin fin acciones y sentimientos que no han sido sólo propios en mí, sino que muchos han experimentado lo mismo, y hasta más.

Cuando era niña, el aeropuerto lo relacionaba con la llegada de mi tía Evelia. Aquella tía que vivía en el país vecino del norte, que visitaba México una vez al año, y que para mí era fascinante ir a su encuentro. Mi sangre comenzaba a correr desde que llegábamos al lugar, y se acelerara más cuando con desesperación esperaba que saliera después de pasar la puerta de inmigración.

Poco tiempo después el aeropuerto lo comencé a relacionar con viajes. Mis padres siempre han sido amantes de viajar en auto, así pueden tomar el tiempo que deseen y recorre más lugares. “de esta manera pueden conocer México de una manera más interesante” mi padre nos decía al ver la cara de aburrimiento de mi hermano y mía tras bastas horas de viaje por la carretera. Pero tiempo después hubo ocasiones donde el auto se quedó en la cochera celoso del avión. Fue ahí donde la adrenalina en mi sangre corría al hacer las maletas, verificar que todo estuviera en orden y ser triple verificado por mi madre, llegar a aeropuerto, presentar con entusiasmo el boleto al hacer el chek in y esperar con ansia la llamada para a abordar.

Años después, cuando las cuestiones idílicas eran parte del motor de mis acciones, la experiencia fue distinta. La emoción no era por la llegada de alguien, ni por el destino al que iba, sino por la persona que me esperaría al momento de ser yo quien pasara por la terminal. No recuerdo cuánta adrenalina he experimentado a lo largo de mi vida, pero esta fue una experiencia que según yo y mi memoria emocional nunca antes había sido sentida.
Pero con la misma fuerza de felicidad con la que vi el aeropuerto en ese momento, con esa misma fuerza me tiró a una de las depresiones más fuertes jamás experimentadas al momento de finalizar una relación que me arrojaría de nuevo al aeropuerto con las maletas llenas de todo tipo de cosas, el corazón anémico y los ojos llenos de tantas lágrimas que temí que me cobraran sobre equipaje. En ese momento al hacer mi chek in, la voz ya no sonó con ahínco, sino con un nudo enorme que la atravesaba. Y al acercarme a la puerta para pasar a la sala de abordaje, ya no movía mis manos con fuerza para despedirme, sólo volteaba para atrás sin soltarme del pasamano por aquello de verme tentada a no poder tomar el vuelo. Entré a la sala de abordaje, la puerta se cerró y con ella se abrió otra llena de diferentes dolores, el alma desconsolada y un temor al aeropuerto.

Duré un periodo de un amor apache a todos los aviones. Cosa curiosa, nunca he sentido lo mismo en la terminal de autobuses, ni por lo menos en mi carro. Claro, he pasado varias situaciones en ellos también, pero nada que me anime a escribir sobre ellas sin que esto signifique que no sean interesantes, sólo que pienso que el avión es más propenso a contar historias; desde trágicas como accidente o idílicas como gente que se conoce, se enamoran, y bueno cada quien que continúe el final de la historia. Además hay varios filmes relacionados con los aviones. El que viene a mi mente, y creo que siempre lo hará es Garden State. Cuando vi dicho filme, pensé que el autor había conocido mi vida y transformado en una historia para pantalla grande.

Después de la metáfora de depresión que dejó al abordar a un avión, pasó un tiempo y poco después me volvieron las ganas de subirme al avión y viajar lejos. Era como si lo pasó tiempo atrás hubiera sido superado. Y así fue. El avión me volvió a interesar. Ansiaba volver a hacer todo el proceso. Desde buscar el pasaporte y sentir la adrenalina cuando veo la torre de control al llegar al aeropuerto.
En esta nueva etapa, los aviones me llevaron a descubrir nuevas cosas, compartir otras tantas y disfrutar amistades situaciones y una que otra relación. Me sentía nueva y fresca como si nunca se me hubiese salido una lágrima mientas escuchaba el número de mi vuelo ser pronunciado.

La visa siguió y volví a ir a aeropuerto a esperar en la terminal con el estómago lleno de mariposas y con una bandeja llena de planes. El corazón lleno, próspero y una historia idílica que crecía. Volví a amar el ruido de los aviones.
Lo anterior dio como resultado que el último avión que tomara me trasladara a otro lugar pero sin dejar la misma historia.

Mis recuerdos pararon por un momento, el símbolo de los sanitarios estaba frente a mí, y a mi derecha estaba el letrero con el anuncio de las llegadas. Ahí venía Alex, bronceado y sonriente. Fui a su encuentro, nos felicitamos por el Año Nuevo y caminamos hacía el auto mientras él me platicaba de todo lo que comió e hizo mientras yo le comentaba que a había sobrevivido los días fríos, y que su gran amigo y yo pasamos unas lindas fiestas.
Hacía frío afuera, corrimos buscando donde estaba Sebastián con el auto, nos subimos y en poco minutos dejamos el aeropuerto a nuestras espaldas, pero las sensaciones que me produjo el haber caminado por el pasillo duraron unos minutos en alejarse por completo de mi mente.

sábado, julio 25, 2009

El casi-pollo

Cuando me dijo que era un regalo, por su tono de voz no sabía si era broma o algo literal, pero al abrir la bolsa y ver el contenido hice mi clásico gesto de "ay que tierno"


Adoro desayudar huevos por la mañana, además de que ya podré salir corriendo a la escuela con un termo lleno de té. Así es, este casi-pollo y termo dibujaron sonrisa en mi rostro

jueves, mayo 21, 2009

Again

Hacia frio aquella vez ... la pase agradable . Hoy me llegan algunos recuerdos, daria todo lo que tengo por volver a estar un segundo ahi, compartiendo, sonriendo, siendo feliz y sientiendo la mariposa en el estomago... esas benditas mariposas.

domingo, marzo 01, 2009

Chapultepec

Después de buscar ofertas en Gandhi, el Ojo Azul me quito la ilusión de comprarme dos libros. " Primero lee uno y después vienes y compras el otro" Lo bueno que no entramos a la sección de películas, sino hubiera ardido Troya junto con sus consejos de economía. Pero para sorpresa mía, mi amigo no había visto la sección de libros en otros idiomas, y sino hubiera sido porque casi lo llevo a la fuerza a esa área, no hubiera salido con su sonrisa tras haber encontrado I am a legend.
Después de literalmente haber sido corridos de la librería, nos reunimos con Liz Feliz y Juan Antonio a charlar como siempre sobre un montón de temas. Lindo sábado en Chapultepec



He is a legend

Rear Window


Lock, stock and four no smoking guns

domingo, febrero 01, 2009

Candelaria






Aunque en vez de tamales fue pizza, los quiero a todos, y mucho...
Lu con inicios de nostalgia

FaceBook

En la reunión del viernes por la noche, todos exhigíamos una pronto explicación por parte de nuestra estimada Doña Calabaza, ya que su perfil virtual indicaba que había cambiado de estado civil, así que nadie respiraba con tal de que nos contara su versión.
Dicha conversación con más formato de cuestionario militar con nuestra estimada amiga, nos remotó a aquellos años de la primaria, dondes todos nos sentábamos en pequeñas butacas, llevábamos enormes mochillas atiborradas de grandes cuadernos, libros de texto y esos obligados estuches con la figuras de nuestros personajes favoritos.
Las maestras trataban de formar a la niñez mexicana de los años 80´s, mientras, todos nos esmerábamos en contestar de forma rápida y eficaz el inolvidable chismógrafo; ese cuaderno lleno de preguntas comprometedoras como ¿ cuál es tu comida favorita? o la imprescindible ¿quién te gusta del salón?. De esta manera uno podía tener vital información de los compañeritos, como ¿quién suspiraba por quién? los gustos de cada uno, y un sin fin de datos no trascendentales.
De esta manera, a más de 15 años, el formatito del chismógrafo, normalmente empleado en un cuaderno de forma italiana, se ha convertido en un espacio virtual donde se pueden publicar fotos, se muestra el estado civil,y menciona los gustos propios de cada uno. Sólo vasta un clic para percatarse de la vida de la personas, quién se ha casado, quién ha terminado una relación, quién junta votos por " al freno de cosecha de las pitayas", o es fan de Mercurio.

lunes, diciembre 29, 2008

Soundtrack

Mis padres me ponían la canción de La Fuente, la Patita y de ese niño que no se quería comer la merienda. Tarareaba y bailaba con temas de Topo Gigio, Burbujas y los Pitufos; pero definitivamente si llego a ser madre, me encantaría que mis Minis Lus interpreten algo así o asì el Festival del Dia de las Madres.